Pandora’s Tower

Pandora’s Tower

Libra grandes batallas para salvar a una hermosa chica.

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Que tal gamer soy su amigo fernangorras presentándoles uno de los casi últimos juegos que salieron para la Nintendo Wii y sin mas comenzamos.

 

Pues como les comentaba Nintendo ha querido ofrecerle a su consola una despedida como Dios manda a base de juegos de calidad. Y es que desde la salida de The Legend of Zelda: Skyward Sword hemos visto cómo Wii se hacía con un plantel de juegos de rol que bien podrían ser catalogados como lo mejorcito del género, al menos en todo lo que llevamos de generación. El último en aparecer es Pandora’s Tower, una oscura aventura que ha sido desarrollada por el estudio japonés Ganbarion. Efectivamente, no es una compañía cuyo nombre suene demasiado por estas tierras, pero lo cierto es que en esta ocasión en particular ha sabido cogerle el punto a Wii y completar un juego excelente. Sin más preámbulos, pasemos a descubrir qué tiene que ofrecer Pandora’s Tower y por qué es una compra obligada incluso después de jugar a otros grandes RPG.

La historia de Pandora’s Tower comienza con acto diabólico que no es sino la manifestación de una antigua maldición que asola la tierra en la que viven los hombres, concretamente el reino de Elysium. Allí es donde vive Helena, una joven cantante cuya vida cambia radicalmente cuando es tocada por esta tragedia. Su única esperanza es huir lejos de su tierra natal, pues una vez se consuma la maldición quedará transformada en una horrible criatura para siempre. Y es aquí donde entra Aeron, un joven y valiente soldado del ejército que no dudará en arriesgarlo todo por ella. Juntos, guiados por una extraña y misteriosa anciana, parten rumbo hacia las trece torres y una gigantesca fortaleza suspendida en el cielo y unida con cadenas a la tierra cuyo objetivo de evitar que ésta se separe y el agujero resultante termine por engullirlo todo. Espada en mano, Aeron inicia su incursión hacia la primera de las torres con el único fin de librar a Helena de esta horrible maldición que corre por sus venas.

Antes de explicar detalladamente el sistema de exploración y combate de Pandora’s Tower, es preferible que empecemos hablando de nuestro objetivo real durante toda la aventura. Como hemos dicho más arriba Helena está maldita, y cada hora que pasa la acerca más al inevitable destino de convertirse en una horrible bestia del inframundo. Este hecho se traduce en un contador que disminuye en tiempo real y del que tendremos que estar muy pendientes. La única forma que poseemos de reiniciar ese contador y evitar la transformación de Helena pasa por conseguir carne de bestia de alguna de las criaturas que pululan por cada una de las torres. Cada vez que el reloj vaya a tocar a su fin, tendremos que regresar raudos junto a Helena y entregarle la carne para que el ciclo se reinicie.

Esto nos lleva al verdadero quid del juego: los amos. Cada una de las trece torres está custodiada por un amo, un ser poderoso creado por los antiguos magos del imperio. Cada amo, además de ser un temibile adversario, posee la codiciada carne de amo, y tan sólo si Helena come la carne de los trece guardianes de las torres podrá romper la maldición. Una vez que hayamos derrotado al jefe o simplemente si queremos reabastecernos, dormir un poco o entregarle carne a Helena, tendremos que salir de la torre en la que nos encontremos y dirigirnos hacia nuestro campamento base. Allí disponemos de una cama, una tienda, un baúl para guardar los objetos que no necesitemos llevar encima y algunas cosas más que amplían la experiencia de juego, como por ejemplo el tema de los regalos para Helena o la posibilidad de mejorar nuestra relación con ella.

Llegar hasta los amos no será fácil, porque cada una de estas misteriosas torres posee un diseño intrincado que nos obliga a explorar hasta el último de sus rincones si queremos proseguir en nuestra odisea particular. Puertas cerradas, caminos ocultos, palancas que mueven mecanismos o teletransportes son sólo algunos de los elementos que encontramos cuando investigamos estas grandiosas construcciones.

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